Catas

Conoce a las personas que guiarán tu experiencia.

Cata de la Embriaguez

Dos Cuerpos te regala una cata para poder apreciar el estado de la embriaguez después de tu cata de vino/mezcal. 

Solamente sobrios de conflicto, se podría vivir en simplicidad. Sea dichosa o lamentable, la realidad es que dentro de nosotros pelean dos  fuerzas iguales que nos mantienen en conflicto constante: el ser humano contra dios, el ser humano contra la naturaleza, el ser humano contra otro ser humano, el ser humano contra si mismo y finalmente, el ser humano contra la sociedad. La borrachera nos obliga a enfrentarnos a alguno de estos conflictos; entramos en un trance religioso y nos posicionamos frente al espejo humeante.

Para dejarlo más claro, los invito a su primera cata del estado alcohólico:

  • Fase visual:
     

    • En esta fase se observa con ojos sobrios el ambiente y a los presentes alrededor del fruto líquido. Se toma la copa con notas de miedo y curiosidad, como un actor leyendo los diálogos de una obra por primera vez. El brillo en el ribete de las pupilas revela la edad y las experiencia de vida que cada quien tiene. Las palabras habladas apenas asoman las verdades que entre ellas se esconden y las lágrimas que se resbalan de la copa, caen por el golpe eterno de un cincel al corazón del maguey.
       

  • Fase olfativa:
     

    • Esta fase te lleva momentáneamente a una cocina de madera de ocote, roble blanco y piedra volcánica. Tu apetito alcanza a oler frescas grosellas, frambuesas y pinceladas de fragante salvia. Del mercado llega el pomelo, la manzana y la pera; la caja donde traen esos ingredientes mantiene un olor a establo y pizarra mojada. La cocina se llena de humos ahumados por los sartenes prendidos en fuego, abres la ventana y el viento arrastra las nubes hacia afuera. La cocina se descubre y frente a ti se revela un platillo de flores jazmines, flor de acacia y violetas. Mueves la copa, los aromas se oxigenan y te revelan un secreto que te saliva la boca.
       

  • Fase gustativa:​

     

    • Por último, tu lengua por fin se relaja y la voz impacta por encima del diálogo; se critica y se reflexiona sobre la sociedad, sobre la religión, sobre la economía. Se cuentan crónicas tuyas, mías y del amigo del amigo pero de repente, la mente entra de lleno a esta otra realidad sin que el cuerpo se entere: las extremidades se convierten en fuertes y desequilibrados trazos. La mente contradice la dictadura de la razón y esto provoca huir, buscar el  sin sentido, lo que no harías normalmente. Ya no se discute la bebida ni a los artistas responsables, se habita el reino creado donde domina el erotismo y siempre hay algo que revelar. Pero es peligroso; aunque sea delicioso, es venenoso, y cuando existe un abuso, se te pierde la palabra y con ella, la identidad.


 

Sin conflicto no hay revelación, sin revelación no hay arte, ni vino ni mezcal.